Fallece nuestro secretario y patrón fundador

El jueves 16 de septiembre del año 2010, nuestro querido amigo y compañero de tantos años, Agustí Ríos i Figuerola, partió hacia el plano espiritual, en paz y rodeado de las personas que amaba.

Si yo intentara escribir unas líneas acerca de lo que Agustí Ríos representa seguramente fracasaría. El peso de la impresión recibida por su partida, el recuerdo de su última sonrisa, de su postrera mirada, permanece en mi memoria y aturde mi mente. Nos unían lazos tan estrechos. No era la nuestra una amistad nacida del diario que- hacer, ni tampoco nos profesábamos ese cariño innato en una familia. Lo que nos unía era el elevado y sublime parentesco espiritual, de mutua convivencia, de espontánea colaboración, de atractiva simpatía e igualdad de sentimientos afectivos.

La casualidad, que no existe, hizo que nos encontráramos pronto. Desde el primer momento su carácter pragmático y tenaz nos empujó a la empresa que tenía que ser artífice de nuestro futuro. Recuerdo el día en que recogió de la imprenta nuestro primer folleto, mostraba en letras de molde nuestro primer curso. -PENSAMIENTO CREATIVO- Un curso de superación personal que habíamos preparado los tres: Agustí, Ángel García y yo, y que impartimos aquel ahora lejano 30 de mayo de 1991. La sala estaba repleta y Él estaba feliz, porque era nuestro curso, por- que a pesar de que Él no lo impartía, si era cierto que lo había organizado. Y así fue siempre: desde una posición discreta era el alma de la cual emanaba todo.

De hecho fue su radiante alegría, quizás propia de la juventud que comienza a vivir, tan llena de ilusiones, de entusiasmo y esperanza, unido a su capacidad de organización lo que nos hizo seguir hacia adelante. Y así es como continuamos, primero surgieron nuestras oficinas de Barcelona, luego los nuevos cursos... Recuerdo que un día, corría el año 1999, que llegó con una libreta: -”Es para que escribas en ella todas las ideas que tengas” –me dijo: -”Y luego, escribes un libro”, -”De este modo ayudaremos a más gente”. ¡Escribir un libro!, como si fuera tan fácil, como si esta tarea se hiciera en un instante. Le parecía tan cercano hacer de las palabras un arte bello, un canal para la comunicación de las ideas. Pero insistió y apremió. Y así surgió primero “Lo que no se ve”, y luego, unos años después “Bajo el árbol amigo”.

Durante veinticuatro años Agustí Ríos ha sido la educada y discreta presencia, la inspiración que ha permitido que nuestro proyecto funcionase, siempre fue el buen amigo, siempre estuvo dispuesto a ayudar. De hecho, podríamos decir, sin duda de equivocarnos, que el tema central de su vida ha sido la lealtad en el amor y la amistad. Una forma de

vivir los afectos, no como un acto lleno de sentimentalismos, sino como una acción propia de la voluntad y de la decisión de amar. Amor y compromiso, marcaron su vida, una formula muy cercana al amor in- condicional.

Su último compromiso, su postrero acto de amor fue la Fundación Educalia Mundi, de la cual era fundador. Compromiso con los más desfavorecidos que aún estando muy enfermo, le permitió reunir fuerzas y viajar a Sao Paulo, ir a la favela y abrazar a sus amados niños. De hecho, la última tarde, sus últimas horas fueron destinadas a divulgar la precaria situación de los más desfavorecidos. De ello les hablaba a las visitas que recibía, buscaba una razón, unas palabras que invitaran al visitante a solidarizarse, a colaborar en el mantenimiento de su amado proyecto.

Agustí Ríos partió, pero permanece con nosotros, no sólo su recuerdo, sino todo cuanto hizo. Poco antes de partir, en su último viaje a Sao Paulo, le decía: -Mira Agustí, toca estas paredes, es una escuela muy grande y muy hermosa, sin nosotros, sin ti, no existiría. Él me miraba y sonreía. –

Nosotros, -continuaba- partiremos de este mundo, pero la Fundación continuara existiendo. –Aún cuando no estemos ya en este mundo, a través de cientos de amigos, de colaboradores, continuaremos haciendo el bien.

Agustí Rios i Figuerola triunfó, triunfó como amigo, como hombre, pues dejó tras de sí una estela brillante de ejemplaridad. Sirva el recuerdo de su figura de espejo en donde nos miremos todos.

-Frederic Solergibert