Amigos de la Fundación viajan a Brasil, Diciembre 2011

EDUCALIA MUNDI: Amor y compromiso. El pasado mes de diciembre un grupo de amigos tuvimos la fortuna de poder acompañar a Frederic Solergibert a Sao Paulo y participar en múltiples actividades solidarias y espirituales que dejaron una huella imborrable en nuestro corazón

Sao Paulo es una ciudad de contrastes. Encontramos en ella la riqueza más ostentosa y la más dolorosa miseria. Las mejores tiendas de lujo, los helicopteros que la sobrevuelan constantemente transportando de aquí para allá a sus habitantes adinerados. Como me decía una amiga de Sao Paulo este pasado julio cuando viajamos allí, el absurdo llega cuando usan el helicóptero para llevar el cachorros –como dicen allí al perro- al veterinario. Helipuertos en las azoteas que trasladan a sus archimillonarios habitantes de un edificio a otro para evitar todo contacto con las gentes de a pie.

Pero Sao Paulo esconde también una dolorosa pobreza. Una miseria que duele. Pudo vivirla el grupo que este diciembre la visitó, como yo misma pude vivirla el mes de julio pasado cuando con Frederic Solergibert y Seima García tuvimos la oportunidad de integrarnos en el grupo Semeadores do Amor. Junto a un numeroso grupo de personas preparamos decenas de bolsas con comida, bebida, mantas.... Y al atardecer, casi la noche, las repartimos entre las personas que no tienen nada. Absolutamente nada. Persona que viven y duermen en la calle. Personas que no tienen a dónde ir. La mayoría en la plaza de la catedral de Sao Paulo. Un lugar en el que sobreviven los que no tienen nada. Personas de toda condición. Jóvenes y viejos, mujeres y hombres, cabizbajos o sonrientes. Cuando nos vieron llegar en unos vehículos de transporte escolar que generosamente nos prestaron, salieron de la oscuridad, de debajo de los árboles, de detrás de no sé muy bien qué lugar... Salían a decenas para ver si podían conseguir una bolsa de comida, una manta, sopa caliente, un poco de leche caliente con la que atenuar la fría noche. Porque en Sao Paulo era invierno.

me impactaron los niños. Algunos venían a pedir comida y abrigo con sus mamas. Bebes de mese en brazos de la mama que intenta abrigarlo en una noche que era fría y lloviznaba. Mamas con niños de 4, 6, 8 años que venían todos a buscar un poco de comida y abrigo. y niños y niñas que venían solos, niños de 8 a 12 años que estaban viviendo solos, sin sus familias en aquella plaza de la catedral. Niños que mientras pedían comida estaban esnifando pegamento de botellas de plástico. Niños que no tienen acceso a nada, ni a ropa, ni comida, ni por supuesto, educación. Los más vulnerables, los que carecen de todo. El corazón se quiebra.

Sabemos que esta situación existe. Y cuando la vivimos es cuando sabemos que no podemos resignarnos y cruzarnos de brazos. Confiar en que “alguien” lo va arreglar es una utopía. Una cómoda utopía. Porque la pobreza es tan extensa, tan inalcanzable, tan .... Entonces surge una pregunta. ¿Qué puedo hacer?. Esta misma pregunta se la hicieron en un mes de octubre de hace ya siete años durante una rápida estancia en Sao Paulo Ángel García y Frederic Solergibert cuando tuvieron la ocasión de visitar el parvulario Emmanuel situado en la zona este de la ciudad. Una escuela situado en la zona de Sao Mateus, una de las más pobres de la gran urbe, concretamente en la favela de la Vera Cruz. Y a partir de ahí se gestó la idea de crear la Fundación Privada Educalia Mundi de la cuál Frederic Solergibert es el Presidente, Ángel García Vicepresidente y Agustí Ríos Figuerola fue su primer secretario. Fundación Privada sin ánimo de lucro que se constituyó formalmente en el año 2006.

La Fundación nació con el propósito fundacional de desarrollar proyectos de mejora de centros educativos de niños y adolescentes, residencias de colectivos marginales y de ancianos, todos ellos sin recursos. Nuestro primer y gran proyecto fue construir el nuevo parvulario VIII Emmanuel. El parvulario antiguo estaba muy deteriorado y precisaba urgentes reformas estructurales. Parecía una utopía, pero se hizo. Y se construyó gracias a las aportaciones de numerosas personas de España. Allí, en un bello entorno, con unas aulas grandes y luminosas, un patio inmenso con columpios y árboles tropicales, la dirección exquisita de Tia Eunice y sus colaboradores, educamos hoy de forma integral a 250 niños en base a un excelente proyecto educativo. Bienestar, afecto y amor son la base de todo ello. Algo que podemos vivir y constatar cada vez que tenemos la oportunidad de viajar allí, como el pasado mes de julio o este diciembre, en que han ido un numeroso grupo de personas de Barcelona, Écija y Gran Canaria.

Pasado, presente.... Y futuro. Próximamente, está previsto rehabilitar el edificio vecino al nuevo parvulario, donde había existido la antigua escuela. Está previsto construir un centro donde los jóvenes puedan ir a estudiar tras las clases, un lugar donde tener acceso a las nuevas tecnologías, un lugar donde impartir cursos de capacitación laboral. Un nuevo proyecto. Una nueva ilusión.

¿Qué puedo hacer? Amor y compromiso. Amar a estos niños es querer ayudarlos. Comprometerse con ellos. Y a través de la Fundación Educalia Mundi puedes permitir que un niño o niña reciba cinco comidas diarias, equilibradas y diseñadas por un

nutricionista. Puedes contribuir a la higiene de este niño, a que tenga ropa limpia cada día. Puedes permitir que tenga servicio pediátrico, plan de vacunación y seguimiento odontológico. Puedes permitir que este niño tenga unos hábitos saludables, basados en la higiene corporal. Puedes permitir que el niño reciba educación escolar y extraescolar (juegos, fiestas, excursiones), seguimiento de su progreso educativo, búsqueda del primer empleo. Y todo ello entrelazado con una educación basada en unos principios éticos y espirituales centrados en el amor, un amor que favorece la confianza y el apoyo. ¿Vale la pena involucrarse en un proyecto humanitario de estas características? Yo creo que sí y doy gracias por poder formar parte de él.

Merçe Rios